Supernanny, el conductismo y los niños endemoniados

El otro día estábamos sentados los tres viendo la televisión: mi mujer, su hija de casi cinco años, y yo. Por cosas del zapping, caímos en un programa de la Supernanny. Surrealista. Dos niños enloquecidos chillaban y brincaban por toda la casa como si estuvieran en plena electrocución, el mayor le escupía a la madre, y el pequeño le pegaba. Ella se quedaba indiferente, con una sonrisa bobalicona en la cara, como si la cosa no fuera con ella. “Yo es que siempre mantengo la calma”, decía. El padre pululaba por ahí, más perdido que un esquimal en Estambul, cogía a los niños y los trasladaba sin sentido de una habitación a otra, y decía “¡no quieres que te ayude, pues a tomar por culo, haces los deberes solo!”

 

Claro que sí. A tomar por culo el niño.

Menos mal que vino la Supernanny.

Aunque nuestra cría ya había visto aquellas escenas, con ojos como platos, alucinada.

 

Pavlov con niños

supernanny y conductismo

Los métodos de la Supernanny son, simplemente, conductistas. Lo cual puede servir con un perro, pero no necesariamente con un niño. Y lo que es peor: ni siquiera está demostrado, ni parece claro, que sean adecuados para criar a un niño. En el excelente blog Bebés y más, encontraréis un artículo certerísimo dándole caña a la Supernanny y sus actitudes pavlovianas con los críos.

 

Y es que surgen inevitablemente ciertas reflexiones.

Si lo piensas bien, muchísimos de los “consejos” que nos llegan diaramente a padres y madres, no están tan pensados en la tranquilidad del niño como en la nuestra. Es un concepto según el cual, tener un niño es un marronazo. Sí, son muy monos, sí, el amor materno, sí, el vínculo que nunca se rompe, sí, todo lo que quieras. Pero eso, para la literatura. La dura realidad parece ser que tener un niño es un asco, que la mujer está esclavizada por tener que dar el pecho, que hay que darles biberones, y en cuanto empiecen a “comprender” lo que ocurre, hay que enseñarles a actuar exactamente como nosotros queremos que actúen.

 

Quizá ninguno de los autores de este tipo de consejos se ha dado cuenta de que exactamente eso, es lo que hacen los gobiernos corruptos con sus ciudadanos.

Educamos a los niños para obedecer sin rechistar, sin preguntarse por qué deben obedecer. Y así, pretendemos subir personas dóciles. Que sepan comportarse.

Pan y palo. Descarga eléctrica en el comedero incorrecto. Perros que babean por su hueso, niños que babean por el caramelo sólo si se han portado bien.

 

Subir seres humanos

supernanny y conductismo

Un niño es un ser humano. Es una obviedad, pero vale la pena recordarla. Es dependiente del adulto en lo físico hasta una muy avanzada edad. Pero su cerebro va por libre y, evidentemente, no tiene por qué coincidir con nuestros pensamientos.

No existen los padres perfectos. Pero quizá tampoco sean necesarios. Quizá, criar un hijo no es más que otra experiencia de aprendizaje para todos, en la que la persona más joven va a descubrir formas de relacionarse con el mundo, y los adultos van a redescubrir otras. Podemos aprender tanto del niño como el niño de nosotros.

 

Cada método y cada autor tiene defensores y detractores. Realmente, en pediatría y puericultura, no existe un método único, ni una verdad científicamente aceptada y universal (bueno, sí hay una, que la leche materna es la mejor opción, que leches de fórmula sólo deben usarse si para la madre es absolutamente imposible dar el pecho). Y, como en todo, conviene informarse al máximo, recabar diferentes opiniones, dejarse guiar por el instinto. Y, sobretodo, recordar el respeto. Incluso por encima del amor. Es tu hijo porque salió de ti. No porque seas su dueño.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.